martes, 21 de septiembre de 2010

mi nombre y la primavera (y como algo puede volverse principesco)

No siempre es fácil llevar un nombre como el mío.
Hay que tener mucho caracter desde chica, sobre todo cuando hay que poner en el lugar a toda aquella plaga de compañeritos de escuela que empiezan a buscar el significado existencial del "¿porque te pusieron ese nombre?".
Mis progenitores no pensaron mucho en la consecuencia de su elección. No entiendo como no vieron la señal de alarma que se encendía cuando le preguntaron a un familiar si lo iba a utilizar con su hija. Estaba claro que si la que lo llevaba rechazaba semejante nombre, seguro que había un porque.
No es fácil llamarse "margarita rosa". ¿En que estaban pensando ellos? si durante 9 meses la decisión habia recaído en un normalito 'maría ines'.

Esas vueltas de la vida (algun que otro calmante y muchas horas de esfuerzo) dictaminaron que me nombren como dos tías, hermanas de cada uno de mis papas. Cosa rara ¿no?, porque mira que llamarse justito asi viviendo a casi de 3000 km. de distancia!!.
Con el tiempo lo fuí aprendiendo a querer, cuando algún que otro romance de verano (y otoño) supo darle una vuelta glamorosa. Y más cercano en el tiempo me di cuenta que la mejor respuesta es "estaba predestinado". Desde un lado y desde el otro
Mi nombre no es convencional y aún asi la flor es tan simple y bella.
Es la flor que mas me gusta, por mucho.
Hay pocas más hermosa que la margarita. Es bella en sus dos colores clasicos, mi preferida. Es peremne, soporta temperaturas bajo cero, estar tapada bajo la nieve, esperando por mejores epocas para salir, afrontar el mundo y alegrar a todos los que la rodean.